domingo, 16 de agosto de 2026
Provinciales

Masares: «No es posible morirse de hambre en la Patria bendita del pan»

Hoy hace una semana se realizó la 40ª Peregrinación de los Trabajadores hacia el santuario de San Cayetano, en la localidad de Riachuelo, en la que centenares de peregrinos presentaron a Dios -por intercesión del Patrono del Pan y el Trabajo- sus agradecimientos por quienes tienen empleo y las súplicas por los que lo buscan y por quienes lo perdieron, con la desesperación de miles de familias que, aun teniéndolo, no les alcanza el salario para cubrir las necesidades básicas de alimentación saludable, medicamentos o alquiler, sin mencionar otros derechos que deberían poseer.Y esa manifestación religiosa, que nunca va separada de la vida real, de los pies en la tierra, dejó elementos para reflexionar y actuar con coherencia cristiana, sujetos a la Doctrina Social de la Iglesia a la que pertenecen miles de creyentes en Jesucristo y en cuyo contenido desplegaron sus mensajes y homilías los sacerdotes en todo el país, tal lo hizo posteriormente el vicario general de la Arquidiócesis de Corrientes, el padre Daniel Masares.

PAZ, PAN Y TRABAJO

El Sacerdote, informó la FM Radio San Cayetano 102.5 Mhz, centró sus expresiones en tres grandes pedidos: paz, pan y trabajo e invitó a confiar en la intercesión de San Cayetano y, como Pedro en el Evangelio, a «mantener siempre la mirada puesta en Jesús».En primer lugar, el padre Daniel invitó a pedir la paz, «porque cuando no hay paz en nuestro corazón, en nuestra familia o en nuestro ambiente cotidiano, las cosas cuestan, cuestan el doble. Todo se nos hace pesado. Hasta las cosas más sencillas terminan como cansándonos y hartándonos. Y así no se puede vivir». Aclaró que eso no significa que no habrá problemas o dificultades, «significa que podremos tener la capacidad de mirar esas dificultades con esperanza, porque sabemos que no estamos solos».Luego, puntualizó que «la serenidad que necesitamos para llevar una vida digna supone tener el pan», pero señaló que «no se trata únicamente del pan material que buscamos y necesitamos. También necesitamos otros panes: el pan del afecto, especialmente de las personas que queremos; necesitamos relaciones sanas y armónicas, vínculos más fraternos y el pan de la verdad, de la justicia, de la solidaridad».Por eso, expresó el deseo «de que aquello que somos capaces de vivir en un momento excepcional, en un día de fiesta como éste, podamos después llevarlo a nuestra vida cotidiana».Y seguidamente exclamó: «¡Cuántas cosas bellas y buenas se logran cuando nosotros somos capaces de unirnos, de trabajar por un bien común!».Por último y entre otros gravitantes conceptos, un pedido esencial fue por el trabajo, por el cual instó a darle un sentido cristiano y recordó que el Hijo de Dios se dignificó con el trabajo. «El trabajador merece su salario. Y que ese salario sea para poder prosperar y vivir con la dignidad que cada uno de nosotros espera», sentenció. De manera especial, encomendó el dolor de quienes no tienen empleo y recordó una expresión conocida: «No es posible morirse de hambre en la Patria bendita del pan».

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