Los cultivos de invierno ganan terreno impulsados por la demanda global de biocombustibles
Mientras el agro argentino busca diversificar su matriz productiva y adaptarse a las exigencias de los mercados internacionales, tres cultivos comienzan a consolidar un espacio cada vez más relevante dentro de la rotación agrícola: la carinata, la camelina y la colza. Aunque todavía ocupan una superficie menor frente a gigantes como la soja o el maíz, el crecimiento de estas oleaginosas invernales aparece estrechamente ligado a un fenómeno global: la expansión de los La carinata aparece como uno de los casos más avanzados. Una sola compañía concentra los cultivares registrados y coordina toda la cadena comercial. El aceite obtenido tiene como principal destino la fabricación de SAF, el combustible sostenible utilizado por la aviación internacional para reducir emisiones contaminantes. Según el estudio, existe incluso un acuerdo de compra vigente hasta 2050 con una multinacional energética internacional. La camelina también avanza bajo esquemas integrados. Parte de la producción ya se procesa localmente y genera tanto aceite destinado a biocombustibles como harinas proteicas para alimentación animal. En tanto, la colza combina modalidades más abiertas, aunque cada vez más empresas ofrecen contratos cerrados con provisión de semillas y compra asegurada.Contratos y oportunidadesUno de los principales factores que explican el crecimiento de estas alternativas es la previsibilidad comercial. A diferencia de otros granos, los precios suelen definirse antes de la implantación del cultivo y toman como referencia mercados internacionales como el MATIF francés o Chicago.En el caso de la colza y la carinata, los contratos se vinculan a los futuros europeos, mientras que la camelina utiliza como referencia la soja negociada en Chicago, con primas adicionales. Los márgenes proyectados también muestran resultados positivos. Para la campaña 2025/26, la Secretaría de Agricultura estimó márgenes brutos de US$261,8 por hectárea para colza, US$143,6 para camelina y US$103,7 para carinata. Aunque los números varían según rindes y zonas productivas, especialistas sostienen que la ecuación económica resulta competitiva, especialmente en regiones donde se busca intensificar las rotaciones agrícolas.Leé también:Especialistas del sector consideran que Argentina reúne condiciones favorables para convertirse en un proveedor estratégico de materias primas sostenibles. Según estimaciones incluidas en el informe, existen más de 10 millones de hectáreas aptas para desarrollar estos cultivos. La demanda mundial, además, aparece lejos de estar satisfecha. Los compromisos asumidos por aerolíneas internacionales y organismos globales para alcanzar emisiones netas cero hacia 2050 están generando una presión creciente sobre la oferta de aceites certificados para biocombustibles avanzados.En ese escenario, la expansión de la carinata, la camelina y la colza ya no se explica solamente como una alternativa agronómica para diversificar rotaciones, sino como parte de una transformación más profunda donde el agro comienza a integrarse de manera directa con la transición energética global.En San Lorenzo avanza el proyecto “Santa Fe Bio”, que prevé producir biocombustibles a partir de materias primas renovables. (Foto: Santa Fe Bio).Inversiones y agregado de valorEn paralelo al crecimiento de estos cultivos, en San Lorenzo avanza uno de los proyectos industriales más importantes vinculados al desarrollo de combustibles sostenibles para aviación. Se trata de “Santa Fe Bio”, una iniciativa impulsada por empresas pymes del sector de biocombustibles junto a YPF, que prevé una inversión superior a los US$70 millones.La primera etapa de la obra ya presenta un avance cercano al 30% e incluye la construcción de una planta de pretratamiento de aceites y la readecuación de instalaciones existentes dentro de la histórica refinería de YPF. Según explicó Juan Facciano, integrante del directorio de Essencial Energy, hasta el momento ya se comprometieron alrededor de US$40 millones y la planta podría entrar en funcionamiento antes de fines de 2026.Leé también: Semillas: genética, uso propio y UPOV, la pulseada que busca redefinir el negocio agrícolaEl proyecto también comenzó a mostrar impacto económico y laboral en la región. Más de 110 empresas contratistas participan actualmente de los trabajos vinculados a la construcción y, de acuerdo con Facciano, cerca del 90% pertenecen al entramado productivo local. Además, diariamente trabajan más de 100 personas en la obra, cifra que aumentará en los próximos meses a medida que avance el montaje de la planta.La segunda fase contempla la construcción de una biorefinería destinada a producir combustible sostenible de aviación a partir de residuos vegetales y grasas animales. El avance de este tipo de inversiones aparece en línea con el crecimiento de cultivos como carinata, camelina y colza, que comienzan a posicionarse como materias primas estratégicas para abastecer una demanda global cada vez más orientada hacia energías renovables y procesos de descarbonización.
