martes, 21 de abril de 2026
Provinciales

Revoluciones frustradas: la trágica intentona húngara de escapar hacia la neutralidad

Iniciamos el quinto año de esta columna con una nueva serie donde nos adentraremos en conocer algunas revoluciones que ocurrieron en el siglo pasado, pero que han resonado menos que otros grandes acontecimientos transformadores como el caso de los bolcheviques en Rusia o el movimiento que llevo al final del Porfiriato en México. La mayoría de los casos que trataremos terminaron fracasando, pero los protagonistas de esos hechos y sus consecuencias también tienen y merecen su lugar en la historia de sus pueblos. En esta primera entrega nos referiremos a la Revuelta húngara de 1956, uno de los episodios más heroicos y, a la vez, más trágicos de la Guerra Fría. No fue un golpe planeado por militares, sino una explosión popular que puso en jaque al Kremlin soviético. Para entender el proceso hay que recordar que Hungría terminó la II Guerra Mundial en el bando perdedor como aliado del Eje en la contienda. En 1945, el Ejército Rojo ocupó el país. Aunque inicialmente se celebraron elecciones relativamente libres, el Partido Comunista húngaro, apoyado por Stalin, fue eliminando a sus oponentes hasta hacerse con el poder total en 1949.El líder comunista magyar era Mátyás Rákosi, quien se autoproclamó “mejor alumno de Stalin”, imponiendo el terror a través de la Autoridad de Protección del Estado, una policía secreta que poseía una red de informantes masiva. También desarrolló una purga interna de sus propios compañeros comunistas si los consideraba poco leales a Moscú. En el campo económico, la colectivización forzosa del campo complicó la situación por los pagos de reparaciones de guerra a la URSS, provocando una caída acentuada del nivel de vida, al forzar el gobierno la industrialización pesada en detrimento de la producción de productos básicos como alimentación y vestimenta, baluartes en un país acostumbrado a los ingresos medios de la Mittel Europa (centro).La muerte de Stalin en 1953 llevó al nuevo líder soviético, Nikita Khrushchev, a iniciar un proceso de desestalinización. Con el tiempo, por directivas emitidas por Moscú, Rákosi cedió el puesto de primer ministro al reformista Imre Nagy, quien introdujo un nuevo trato, liberó presos políticos, frenó la colectivización y prometió producir bienes de consumo en vez de solo acero. En 1955, el sector ortodoxo del PC desplazó  a Nagy, volviendo atrás con las reformas, generando una frustración social inmensa entre la población. « — Para ver la nota completa, ingrese a la url de la nota — »

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