Revoluciones frustradas: claveles en Lisboa, las utopías que la realidad marchitó
Portugal fue históricamente un país de navegantes, donde la figura central del explorador Vasco da Gama simboliza a los miles de aventureros que construyeron un inmenso imperio colonial para la corona lusa en América, África, Asia y Oceanía durante varios siglos. Sin embargo, a principios del XX, la monarquía constitucional lusitana entró en una fase de crisis terminal, agotada por décadas de continuas guerras coloniales. Con el tiempo, la inestabilidad se trasladó a Lisboa, provocando en 1908 el regicidio del rey Carlos I y su heredero. Para 1910, la proclamación de la República puso fin a la etapa dinástica, aunque no al caos político. Paradójicamente, aquel período republicano fue turbulento: asonadas políticas, crisis económicas derivadas de la Primera Guerra Mundial y una creciente agitación obrera marcaron la agenda de acontecimientos. En 1926, un golpe militar derribó a la República, instalando un gobierno que, junto a dirigentes civiles católicos y tecnócratas como el economista António de Oliveira Salazar, se tornó paulatinamente represivo.Desde los años 30 se conformó el Estado Novo, algo que trajo estabilidad, pero a cambio de la libertad. En 1932, Salazar consolidó su poder fundando el régimen denominado Estado Novo, aunque se trató más que nada de una dictadura sostenida por el estamento militar y una omnipresente policía política (PIDE).La película Sostiene Pereira, de 1995, protagonizada por Marcelo Mastroianni, retrata magistralmente el clima oprobioso y sórdido de los años 30, donde la resistencia al régimen era aplastada por el silencio y la delación.« — Para ver la nota completa, ingrese a la url de la nota — »
