lunes, 20 de abril de 2026
Provinciales

Puntos de inflexión: el Mayo francés abre espacios a la avanzada posmoderna

xEl 2 de julio de 2021 se publicó la primera columna de Encrucijadas del siglo XX con un artículo sobre el Mayo Francés. Para celebrar tres años de este acontecimiento -y más de 120 notas publicadas- retomamos el tema para cerrar la serie sobre los puntos de inflexión del siglo pasado.Este proceso político y social sacudió la historia reciente de Francia en la primavera boreal de 1968, un año convulsionado a lo largo y ancho del planeta. El protagonismo político de las masas, en revueltas sociales, como en crisis de regímenes de distintos signos ideológicos fue el denominador común. “El ensayo general revolucionario más influyente y menos exitoso ocurrió en Francia, y sobre todo en París, entre mayo y junio de 1968. Una revuelta que no perseguía llegar al poder sino cambiar la sociedad, un movimiento para reivindicar más libertades en la esfera privada que cuestionó la esfera pública. Nadie lo intuyó, nadie pudo detenerlo” (David Dusster, 2018); este extracto de una extensa nota publicada en el diario La Vanguardia, a 50 años del Mayo francés, resume la tensión en el análisis y la potencia simbólica que tuvo la revuelta obrera-estudiantil iniciada en la Universidad de Nanterre, en las afueras de París, que rápidamente se extendió por la ciudad y el resto del país. En 1968, la política gala continuaba dominada por las élites nacionalistas (gaullistas), liberales y socialistas que sostuvieron la lucha contra Alemania en el exilio de la Francia Libre desde 1940.Emergieron triunfadoras de la Segunda Guerra Mundial en el bando aliado, combatiendo al Eje y al gobierno de Vichy. Después de la liberación, la sombra del eurocomunismo coaligó a las élites políticas (y militares) para impedir el acceso al poder al PC francés en la posguerra. Las prolongadas guerras coloniales (Indochina y Argelia) parieron a la V República que se tropezó primero frente a la crisis de la independencia de Argelia y en el 68 con el estallido de la revuelta estudiantil.La unidad obrero-estudiantil fundió las diferencias de clase, acercando a obreros calificados y no tantos con la intelectualidad de izquierda, mayormente de clase media. También participaron escritores, artistas, periodistas y la bohemia de una metrópoli que continuaba siendo un faro cultural imponente, a pesar de que la vanguardia emigró a otras metrópolis como Nueva York, epicentro del Pop Art. Dos mundos, que por muchas décadas se movieron como compartimientos estancos, confluyeron en un reclamo que fracturó el status quo de la sociedad francesa de posguerra. Ambos estamentos sociales se redescubrieron políticamente en una relación horizontal, que no dio tiempo a formalizar estructuras de organización porque se desarrolló espontáneamente en las calles y barricadas del barrio latino. La mujer emergió como un nuevo actor en la política, en medio de una sociedad francesa profundamente patriarcal y autoritaria, sobre todo en el interior profundo del país.La imaginación al poderEl Mayo Francés fue la explosión del descontento de una juventud desalentada, plasmado en cientos de frases y grafitis (quizás los más famosos fueron “La imaginación al poder” y “Seamos realistas: pidamos lo imposible), los cuales quedaron para la posteridad. El conflicto condensó la lucha de una juventud inconformista que no quiso mirar para otro lado las injusticias y desigualdades y se sintió protagonista de su tiempo, pero a la larga no obtuvo cambios sociales significativos. El movimiento contracultural conmovió las bases de la V República, tomando consignas del conflicto por los Civil Rights en EE. UU., la condena a la guerra de Vietnam, la Revolución Cultural de Mao, un marxismo revisitado por intelectuales contemporáneos como Marcuse, a la que podemos sumar una explosión de la libertad sexual y creativa cultural en el mundo occidental traumado por la guerra fría, que mantenía al mundo en vilo, pendiente de que nadie apretara el botón rojo. Juan Castellanos, en un articulo de La Izquierda Diario (2018), señala la influencia que tuvo el pensamiento de Michel Foucault, intelectual que no participó, a diferencia del protagonismo de otros como Sartre, sobre las consecuencias del fenómeno. Castellanos afirma: “La obra foucaultiana tiene su nodo en la categoría de biopoder”. Esencialmente describe que el poder, como relación de dominio, no tiene centro; es más parecida a una red capilar. Quizás por ello, muchos autores señalaron a esos años como los del fin del pensamiento moderno y el comienzo del posmodernismo. El autor señala a su vez que “podemos decir que el biopoder, sistema de opresión capilar y omnipotente, emerge de la derrota de 1968”. La nota señala que una categoría como biopoder se produjo en el contexto del reflujo del movimiento del 68. Allí el sujeto llega a su final y con ello irrumpe la destrucción de la soberanía del ser o del albedrío, reemplazado por el biopoder -forma capital de imposición de la disciplina- por medio de las instituciones y dispositivos, una verdadera concepción de poder “posmoderna”.El posmodernismo no tardó en recibir críticas por su cuestionamiento a los principios fundantes de la sociedad moderna instaladas en el imaginario colectivo como el desarrollo y la evolución social. Los pensadores posmodernos impusieron una narrativa de rechazo a lo que se mencionaba como metanarraciones o metarrelatos de la modernidad; es decir, explicaciones cohesionadas y establecidas del mundo y de la sociedad consagradas en los siglos anteriores, tales como el cristianismo o el marxismo; pero incluso también cuestionaron la ciencia, la razón y los mismos pilares de la democracia occidental, señalaron Helen Pluckrose y James Lindsay en la obra Teorías cínicas. Es así que el Mayo francés instaló discusiones hoy vigentes sobre el individualismo y el hedonismo frente a la construcción de lo colectivo, pero también anticipó debates actuales como el control social total y la inteligencia artificial, por ejemplo. 

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