La María, el Ramón, la Sole: ¿es válido usar artículo con los nombres de pila?
Cuando decimos la Sole, la gran mayoría sabe que nos referimos a Soledad Pastorutti, la cantante popular argentina, conocida en los inicios de su carrera por revolear el poncho en el escenario. La Sole, así con el artículo «la», es ella y no otra, al punto que esa forma de nombrarla se impuso como apelativo.Entonces, ¿es válido usar artículo con los nombres de pila? ¿Es adecuado decir la María, el Antonio?”Los nombres de pila se usan, en el español general, sin artículo; no obstante, en la lengua coloquial de ciertas zonas –por ejemplo, en Chile o entre hispanohablantes catalanes–, el uso de artículo ante nombres propios de persona no se considera vulgar”, dice la Real Academia Española en la sección Dudas rápidas, en https://rae.es.«Creo que las mujeres siguen siendo estupendas periodistas. Está la Patricia Verdugo, la Patricia Politzer» (Hoy [Chile] 8-14.12.97).La Nueva gramática de la lengua española (NGLE) dice que el uso del artículo determinado antepuesto al nombre de pila caracteriza la lengua popular de muchos países: la Juana, el Ramón. Sin embargo, ese uso “no se suele extender a la lengua estándar, con la posible excepción de los alias y los apodos”. Un alias es el tipo de seudónimo que algunos individuos emplean como nombre artístico o profesional, pero también como denominación que les atribuye el público: el Cordobés, el Gordo.Asimismo, se utiliza alias, en el sentido de apodo o de sobrenombre, “en especial entre individuos que viven al margen de la ley”, dice la NGLE. Estos usos no poseen necesariamente función descalificadora: el Cacho, el Colorado, el Zurdo. Los apodos “son grupos nominales definidos constituidos muy a menudo por un artículo determinado que incide sobre un adjetivo calificativo (el Bizco, el Negro), o un sustantivo, sea en singular (la Beba, el Mono, el Rulo, el Tigre) o en plural (la Ojos, la Pecas, el Piernas)”. Esta última opción, con sustantivo plural, es algo más frecuente en el español europeo que en el americano, señala la NGLE.En cambio, está extendido el empleo del artículo femenino ante apellidos de mujeres renombradas, casi siempre artistas, como la Caballé por Montserrat Caballé, la Ocampo por Victoria (más que Silvina) Ocampo, etc.:«Y recuerdo que hablamos de la Mistral, de Neruda, de Vallejo, de Darío (Serrano, M., Vida); Una gala liceísta sin la Caballé no es lo mismo (Razón [Esp.] 3/12/2001)».En Argentina, era habitual usar el artículo femenino ante apellidos de vedettes, en los tiempos de la revista porteña, como la Lobato por Nélida Lobato o la Casán por Moria Casán, o de figuras del cine y la televisión renombradas como la Legrand, por Mirtha Legrand, actriz y conductora. Así, este uso, propio de la lengua literaria, se mantiene hoy en la periodística, aunque tiene cierto sabor arcaizante. De hecho, no se suele aplicar a los nombres propios de otras profesionales afamadas (científicas, juristas, políticas, etc.), ya que en tales casos se percibe cierta ironía, cuando no menosprecio, al referirse a las mujeres.La Ortografía de la lengua española (OLE) indica que la anteposición del artículo al nombre propio es obligatoria cuando este se usa en plural, con finalidad generalizadora: «Los Curros no tienen problemas y los Pacos sí» (Vanguardia [Esp.] 30.7.1995); o cuando, en singular, el nombre propio va seguido de complementos especificativos o lleva un calificativo antepuesto: «El Pablo que yo conocía existió» (Pavlovsky Pablo [Arg. 1987]); «Como decía el gran Antonio Mingote en cierta ocasión […]: “Al cielo, lo que se dice ir al cielo, iremos los de siempre” (Ussía Tratado III [Esp. 1995])».El artículo que antecede a los apodos y sobrenombres y, en ocasiones, a los seudónimos no forma parte del nombre propio: el Chato, la Faraona, el Greco, el Cordobés, el Pobrecito Hablador (seudónimo de Larra, escritor español). Prueba de ello es que desaparece en los usos vocativos: Ahí llegaba el Chato. —¡Chato! —gritó—. ¿Te vienes con nosotros?F. P.Redacción
