martes, 21 de abril de 2026
Interés General

La denuncia de Fabiola Yañez a Alberto Fernández: fruto del sistema jerárquico de maltrato kirchnerista

Imaginando, y no se equivocó, que iba a poder venderlo a una sociedad asustada por el ajuste fiscal entonces en curso, y después manejarlo a piacere. Ese Alberto, hoy no puede salir del país, ni siquiera puede salir a la calle, y es investigado por la Justicia por chorro, traficante de influencias y golpeador de mujeres. Una joyita de buen tipo.Pero lo que importa no es el chancho sino quienes le dieron de comer. La sociedad argentina, o al menos un buen porcentaje de ella, en algún momento, lo hizo. Habla muy mal de nosotros y nuestra cultura cívica, pero dejemos eso por ahora de lado. Los que le dieron de comer más prolongada y sistemáticamente, durante más de dos décadas, fueron el peronismo y el kirchnerismo.¿Cómo es que semejante personaje tuvo tanto éxito en sus filas? Pues porque se acomodó muy bien a la lógica en ellas dominante. Impuesta desde el vértice, por el matrimonio presidencial a comienzos de la década del 2000, y desplegada con infinito cinismo e hipocresía desde entonces.Alberto Fernández en la Casa Rosada. (Foto: prensa Presidencia)Al revés de lo que sostiene La Cámpora women, que él maltrató también a Cristina, lo cierto es que siempre se sometió a los maltratos de los jefes, primero de Néstor y después de su mujer. Maltratos a los que también se sometieron los demás, desde Oscar Parrilli y demás colaboradores directos del matrimonio, hasta los empresarios prebendarios.Por conveniencia, no porque no les quedara otra. Y todos, o al menos la mayoría de ellos, reproduciendo hacia abajo la misma lógica: así como fueron maltratados, maltrataron a su vez a quienes tuvieron a mano. Es lo que caracteriza al kirchnerismo como estructura de poder, un auténtico gallinero, con su ley de hierro: los que están arriba cagan a los de abajo, pero estos pueden consolarse porque encuentran a su vez a quienes cagar.Y Alberto vaya si los encontró. Jodió gente todas las veces que pudo. Desde sus tiempos en la Jefatura de Gabinete, fue un cagador con periodistas, funcionarios, empresarios y cuanto cristiano se le pusiera a tiro. Así que no tenía de qué quejarse cuando Néstor se las tomaba con él, lo insultaba, maltrataba y humillaba delante de otros. Porque él “compensaba”, haciendo lo mismo cada vez que podía.Leé también: Tras la denuncia de Fabiola Yañez por violencia de género, Alberto Fernández renunció a la presidencia del PJConociendo el paño desde tanto tiempo antes, no extraña que se volviera a acomodar muy bien al mecanismo gallináceo cuando, de chiripa, aterrizó en la Presidencia. Y que se bancara desde el primer día al último de mandato los desplantes, las groserías y humillaciones públicas de la señora, a la que bien sabía que no quedaba otra que soportar “como es”.Fabiola, también, parece que se acomodó a esta lógica. Por algo no dijo ni mu de lo que estuvo padeciendo, mientras pudo disfrutar de las comodidades de Olivos y recibió sus correspondientes compensaciones. Eso no la desmerece como víctima, claro. Pero sí ilustra lo exhaustivo que es el método de construcción de poder.Y lo maleables que han debido ser sus engranajes a las exigencias del sistema. Fabiola seguramente lo entendió. Ahora lo denuncia, al menos en la faceta que ella lo padeció directamente, y lo bien que hace. Pero hubiera convenido que lo hiciera antes: se hubiera ahorrado y nos hubiera ahorrado a todos unas cuantas psicopateadas y ayudado a desnudar antes el sistema sostenido en ellas.La ex primera dama, Fabiola Yañez. (Foto: Télam)Pero no debe asombrarnos que no actuara de otro modo. Además del abuso y el maltrato sistemáticos, lo que el kirchnerismo impuso fue silencio, un pacto mafioso para evitar delaciones, que demostró hasta aquí ser increíblemente eficaz, y la distribución de incontables prebendas y beneficios para compensar tantas bajezas. Y esos pactos que abroquelan a la tropa siguen funcionando pese a todo. Incluso parecen haberse reforzado ante el escándalo “de Alberto”.Además del comunicado de La Cámpora women lo pudimos comprobar en otras tres muestras de cierre de filas y alineamiento con el “modelo” y su método, que resultaron casi tan tóxicas como las secuelas dejadas a su paso por el golpeador. Primero, un insólito comunicado de Actrices Argentinas donde se explica que el problema no fue Alberto sino que es Milei, que cerró el Ministerio de la Mujer, como si este organismo hubiera hecho algo por este caso o por cualquier otro parecido, y no se hubiera dedicado a hacer pura propaganda oficialista, protegiendo a golpeadores, violadores y gente aún peor si eran del palo.Segundo, un aún más insólito planteo de Juan Grabois explicándonos que nada de esto ni ningún otro escándalo que pudiera involucrar a figuras del kirchnerismo, desde Scioli hasta Massa, podrían hacerlo cambiar de opinión, pues para él siempre se justifica apoyar a ese sector y combatir a sus enemigos, no importa lo que suceda ni los daños que esos “líderes” le provoquen a las personas, al país o a la humanidad.El dirigente social, Juan Grabois. (Foto: Télam)Una pieza en que se resume la ceguera ideológica, la justificación del abuso y el atropello, y el lavado de manos de cualquier otra cosa que suceda porque siempre hay enfrente un enemigo amenazante que lo disculpa. Tercero, se hizo esperar pero no podía faltar, la propia Cristina habló, y como siempre, lo hizo de ella misma, de su condición de víctima, y de que todo esto confirma que su error, el único, fue haber nominado a Alberto, como si no hubiera tenido tiempo de conocerlo, ni ella misma se hubiera dedicado todo el mandato que compartieron a tomar decisiones en lugar de él, pisoteando sus atribuciones presidenciales, en general empeorando aún más las cosas, y a ocultar al mismo tiempo todas sus miserias.En suma, una colección agobiante de argumentos absurdos, amañados y carentes del más mínimo sentido común. Reacciones que enferman tanto como escuchar las mentiras que aún contra toda evidencia pretende seguir vendiéndonos el propio Alberto Fernández. No por nada la gran mayoría de los argentinos hace tiempo que están hartos de esta gente. Y por extensión, desconfían cada vez más del peronismo como fuerza política, por haberse sometido y seguir detrás de una banda de psicópatas de la peor calaña. No es solo la inflación y la falta de oportunidades, lo que harta es todo el paquete kirchnerista.¿Significará esta crisis el fin de la impunidad que les permitió llegar hasta acá? Puede que en el caso de Alberto sí, porque nadie quiere aparecer defendiéndolo. En el de sus compañeros de ruta, esos que se apresuran a tirarlo por la borda para que los tiburones lo devoren y así blanquear su imagen, es más dudoso, pero no deja de ser una buena oportunidad para intentarlo.Sobre todo si el propio Alberto, en vez de repetir la experiencia de su Presidencia, y dejarse llevar ahora dócilmente al cadalso, o seguir el consejo de Luis D´Elía, que no fue para nada inocente en su recomendación de un tiro en la sien, opta por primera vez en su vida por la verdad y el coraje, y ya perdido por perdido, nos cuenta cómo fueron realmente estos veinte años con los Kirchner. Es también muy difícil que se anime, pero no está de más sugerírselo.

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