viernes, 24 de abril de 2026
Provinciales

Historia del cine: los 90, la década que nos llevó a la pantalla de un mundo nuevo

xCon el artículo de hoy, cerramos esta historia del cine en el siglo pasado refiriéndonos a la ultima década, los años 90, que comenzaron con un escenario diferente a los 80, porque el 9 de diciembre de 1989 cayó el muro de Berlín y se puso fin oficialmente a la Guerra Fría. Al mismo tiempo, el avance tecnológico de la digitalización y la llegada de internet transformarían de una manera nunca vista la industria del entretenimiento, para un mundo que se globalizaba y transmutaba en un gran mercado de consumo; adonde también afloraba una China que adoptó la economía de mercado, aunque, bajo el férreo control político del Partido Comunista, después de la masacre de la plaza de Tienanmen, ocurrida en junio del 89. Mientras tanto, en esos años en EE. UU., el presidente Bush no consiguió ser reelecto y los demócratas volvieron al poder con Bill Clinton, que inauguró un período de crecimiento económico, sin grandes conflictos, para la única superpotencia mundial. El avance tecnológico posibilitó la llegada del DVD (disco digital), que transformó la calidad de imagen del video hogareño, pero con una mayor facilidad de copia, lo que impulsó la industria de la piratería. El mundo de la producción ingresó en una etapa de cambios y transformaciones operadas, por la concentración del capital y el cambio tecnológico, como el caso de Disney, que empezó un proceso de resurgimiento con nuevas propuestas, que reinarían con sus sagas de superhéroes en las siguientes décadas. Entre los grandes directores, Spielberg sorprendería con una gran obra de más de tres horas en blanco y negro sobre el Holocausto judío en la II Guerra Mundial, titulada La lista de Schindler, con Liam Neeson en el rol protagónico. Entre los creadores emergentes se destacó Quentin Tarantino con: Reservoir dogs (Perros de la calle), de 1992, y la genial Pulp Fiction (1994), acertando con la explosiva pareja de John Travolta y Uma Thurman, convertidos en dos filmes de culto del cine negro. La globalización económica que sobrevino al final de la Guerra Fría permitió la expansión de la economía de mercado por Europa del Este e incluso también en los casi quince países en que se desmembró la antigua URSS, que ampliaron el mercado de la cultura pop, la comida rápida, y consolidando un mainstream cultural global que monopolizó las cuotas de pantallas de los complejos multicines en todas las ciudades con más de un 80 por ciento de obras de Hollywood. La reciente creada Unión Europea, que entró en vigor en enero de 1993, con el Tratado de Maastricht, se apresuró a debatir leyes que aseguraran espacios de exhibición para sus películas ante la avanzada de las grandes corporaciones como Universal, Paramount y Sony Pictures, entre otras. Otro cambio significativo que alumbró la década del 90 fue la llegada del cine de animación digital con el estreno de Toy Story (1995), producida por Pixar, una filial de Disney, especializada en la nueva herramienta que cambiaria el cine para siempre. Más allá de lo comercialEl cine norteamericano, a pesar del fenómeno comercial en sí mismo, produjo grandes películas, que a su vez tuvieron gran éxito comercial, como El silencio de los inocentes (1991), de Jonnathan Demme, o el western Los imperdonables, de Clint Eastwood (1992), la versión de Drácula (1992), dirigida por Francis Ford Coppola; Pecados capitales (1995), de David Fincher; Carretera perdida (1996), de David Lynch, y la monumental Titanic (1997), de James Cameron. El cine independiente también nos legó grandes películas como Fargo (1996), de los hermanos Coen; Ed Wood (1994), de Tim Burton, y Belleza americana, de Sam Mendes, estrenada en 1999 al filo del fin de siglo. Mientras tanto, en Europa que se convulsionó por las implosiones del Pacto de Varsovia a comienzos de la década y la tragedia de Yugoslavia que desangró a los Balcanes, el cine resistió con gran creatividad el embate de los tanques de Hollywood. De Gran Bretaña se puede destacar a la contracultural Trainspotting (1996), de Danny Boyle, y la historia épica anarquista de la guerra civil española, Tierra y libertad (1995), del director de la clase obrera, como lo señalan a Ken Loach. Roberto Begnini conquistó a Italia con una trágica y cómica obra, dirigiendo y protagonizando La vida es bella (1997), que obtuvo tres Oscars en 1998. El genial Pedro Almodóvar se consagró definitivamente en el olimpo del cine europeo con la aclamada película Todo sobre mi madre (1999), protagonizada por nuestra compatriota Cecilia Roth. Pero la década también presentó otros grandes filmes ibéricos como Jamón, jamón (1992), de Bigas Luna; Tesis (1996), de Alejandro Amenábar, y Belle Epoque (1992), de Fernando Trueba, el cual obtuvo el Oscar al mejor filme extranjero. De otros lugares más exóticos, como los países nórdicos, el cine europeo se permitió innovar, como el proyecto Dogma 95 de Lars Von Trier, que propuso filmes minimalistas, cámara en mano, despojados de la parafernalia técnica y fundamentalista de la película de 35 milímetros en tiempos en que asomaba con fuerza la filmación digital. Herederos de la mejor tradición del realismo y la nouvelle vague se pueden destacar La celebración (1998), de Vintenberg, y Los idiotas (1998), de Von Trier. Otra genial obra llegó de la antigua Yugoslavia desmembrada y revisaba desde la particular energía creativa de Emir Kusturica, la tragedia de un país que produjo las mayores matanzas en Europa desde la II Guerra Mundial. Se trata de la genial Underground (Erase un país en serio), de 1995. Una mención honorifica merece la trilogía de los colores de la bandera francesa de Krzysztof Kieślowski: Azul (1993), Blanco (1994) y Rojo (1994). Por último, el cine asiático preanunció el éxito arrollador de su cine en el siglo XXI con dos grandes directores que mostraron su obra al mundo, el japones Takeshi Kitano y el coreano Wong Kar Wei. En suma, el final de la centuria encontró al cine consagrado como un entretenimiento masivo, pero los avances tecnológicos fueron sentando las bases de cambios trascendentales para la industria que se irían consolidando a medida que entraba el nuevo siglo a nuestras vidas. Con la desaparición casi definitiva de las salas de barrio y de los rituales familiares de la salida al cine, las nuevos dispositivos planos y líquidos, nos sumergirían con internet y las plataformas en esa pantalla del mundo nuevo, como cantaba Pappo en los albores de la primavera democrática. 

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