España y la II República, un proyecto rupturista en camino a la tragedia
Editar epigrafeEditar embed Desde que conocemos la historia de España, a la que muchos llaman la Madre Patria, emparentamos su gobierno con la monarquía, sobre todo desde los Reyes Católicos, que enviaron a Colón al nuevo mundo, pasando por el gran imperio de Carlos V y la debacle de Fernando VII, que abrió la puerta a nuestra independencia americana. Lo que nos cuesta es recordar los breves periodos de tiempo que el país ibérico fue una república. La primera fue en el siglo XIX, durante un breve periodo de once meses entre 1873 y 1874. La segunda es la más conocida, empezó en 1931 y culminó en 1939 con la derrota del gobierno republicano en la Guerra Civil. La historia de los países a veces contiene jornadas que condensan décadas. Para España, una fue el 14 de abril de 1931. Sin el estruendo de cañones ni el drama de una revolución armada, diversas fuerzas políticas desmantelaron una monarquía que venía de durar varios siglos en apenas unas horas. Aquel martes, entre el aroma de la recién estrenada primavera y el fervor de las plazas madrileñas, nació la Segunda República, un experimento democratizador, quizás el más ambicioso y turbulento que tuvo la Europa de entreguerras. Lo que debían ser unas simples elecciones municipales se convirtieron en un juicio sumarísimo contra la Corona española.Aislado tras la caída de la desgastada dictadura del general Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII se había quedado sin una red de seguridad y contención del descontento social. El triunfo republicano en las grandes ciudades no dejó lugar a dudas de que el viejo régimen estaba agotado. A las seis de la mañana, la bandera tricolor –rojo, amarillo y morado– ya ondeaba en Éibar, porque en la madrugada de ese 14 de abril de 1931 fue izada por primera vez –antes que en capitales como Madrid o Barcelona- la enseña republicana en el ayuntamiento de la ciudad vasca. « — Para ver la nota completa, ingrese a la url de la nota — »
