sábado, 25 de abril de 2026
Provinciales

Entreguerras: el caos italiano de posguerra y su transformación en Estado fascista

Editar epigrafeEditar embed Como señalamos en la nota de la semana pasada, Italia culminó la Gran Guerra en el bando de los ganadores, a pesar del desastre de Caporetto (1917), que estuvo a punto de permitir la invasión del Trentino por los austroalemanes. Quizás por ello las exigencias desmedidas de sus representantes en Versalles no fueron atendidas por los aliados, por lo cual el Estado salió muy poco fortalecido del conflicto. No obstante, nadie hubiera pensado en noviembre de 1918, que, pocos años después, un movimiento paramilitar minoritario terminaría capturando el poder italiano de forma contundente. Antes de la guerra, Benito Mussolini era una figura importante del socialismo, editor del diario Avanti! Al estallar la Gran Guerra, el partido defendió la neutralidad, mientras Mussolini se volvió un intervencionista ferviente, creyendo que el conflicto sería un motor que destruiría el viejo orden y permitiría la revolución, por lo cual fue expulsado del socialismo en 1914. En marzo de 1919, en un local de Milán, Mussolini fundó los Fasci Italiani di Combattimento, cuyo núcleo inicial eran los Arditi (tropas de élite de la Guerra), futuristas, intelectuales nacionalistas y exsocialistas desilusionados. El proyecto era casi de izquierda radical, pedía el voto femenino, la jornada laboral de ocho horas, un impuesto progresivo a la herencia y la abolición del Senado. Este programa fracasó estrepitosamente en las elecciones de ese año.Tras la falta de atención a sus reclamos en Versalles, Italia no recibió los territorios que le habían prometido, especialmente Fiume y Dalmacia. El poeta nacionalista Gabriele D’Annunzio acuñó el término de victoria mutilada. La ocupación de Fiume por D’Annunzio en 1919 con un ejército de voluntarios sirvió como ensayo general para la entronización del fascismo. Allí se inventaron el saludo romano, los discursos desde el balcón y el uso de las camisas negras.Entre 1920 y 1921, el país vivió un biennio rosso (dos años rojos), marcados por una ola de huelgas y ocupaciones de fábricas inspiradas por la triunfante Revolución bolchevique. Mussolini, al ver que su programa izquierdista no funcionaba, ofreció sus grupos paramilitares a industriales y terratenientes como fuerza de choque para aplastar el avance comunista. Las escuadras fascistas comenzaron a actuar de manera organizada, financiadas por la burguesía asustada. Ya no eran solo un grupo político; eran una milicia privada.« — Para ver la nota completa, ingrese a la url de la nota — »

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