Correntino sacerdote, abogado y profesor fue ordenado como obispo en Buenos Aires
xares, Iván Dornelles quien nació en Alvear en 1974-, Pedro Cannavó y Alejandro Pardo, recibieron hoy su ordenación episcopal durante la celebración que a las 10 presidió en la catedral arquidiocesana, el arzobispo metropolitano, monseñor Jorge García Cuerva. Esto fue informado por la Agencia Informativa Católica Argentina.Dirigiéndose a los ordenados, García Cuerva recordó que “hoy Jesús les habla al corazón y les dice: Alejandro, hijo de Maxi y Carmen; Iván, hijo de Vilma y Jorge; Pedro, hijo de María Cristina y Antonino Pedro, ¿me aman?””Porque hoy llegan con toda su vida, con toda su historia, con sus raíces, con su familia, con sus amigos, con sus comunidades. Y en este momento, Jesús quiere que todos ellos estén presentes. Quizás el Señor perciba que su pregunta ¿me amas? es demasiado grande y comprometida, y que necesitan del apoyo de muchos para responder con fuerza: Sí, Señor, tú sabes que te quiero”, continuó.El arzobispo pidió a los nuevos prelados que sean obispos “con raíces, cercanos a la gente, pastores en medio del pueblo, afectivos, amigueros. No dejen nunca de ser hijos, amigos, vecinos. En definitiva, no se la crean”.”Ustedes son hijos de este pueblo que hoy con alegría los acompaña y los apoya en su sí. Porque como obispos necesitamos de la familia y de quienes acompañan el camino de la vida; seguramente ellos han sido sus mejores maestros, sus consejeros, quienes se habrán alegrado con sus logros, quienes los habrán acompañado en sus fracasos, y quienes se habrán animado a decirles las cosas de frente para corregirlos fraternalmente”. manifestó.Y señaló: “Qué triste cuando un obispo olvida sus raíces o se aleja de los afectos para rodearse de una corte de aplaudidores. Me animaría a decir que se deshumaniza, que deja de ser pastor, para ser príncipe que mira desde arriba y a la distancia”.Monseñor García Cuerva instó a Dornelles, Cannavó y Pardo a que “sean siempre hombres de pueblo, que consagrados por la unción se entregan de lleno a ese mismo pueblo, que como dice la conocida canción: “los crió de potrillo””.”Estén siempre abiertos a las sorpresas de Dios. No sean obispos de estructuras y esquemas que no dejan lugar a la acción del Espíritu que, como ráfagas de viento, sopla y ventila las costumbres anquilosadas del siempre se hizo así. No se encierren en programas pastorales de escritorio que apagan las llamas de fuego del Espíritu y nos hacen perder el calor de la pasión por el Reino, convirtiéndonos, en términos futbolísticos, en “obispos pecho frío””, enfatizó.Además, recordó que el amor “cura toda herida”. “Queridos Iván, Pedro y Alejandro, sean pastores heridos, curados por el amor del Señor que llevan ese tesoro en recipientes de barro. Muéstrense frágiles y siempre comprensivos de las caídas de la gente, porque ustedes tienen las propias; que nadie, al entrar en vínculo con ustedes, tema ser juzgado, condenado o rechazado, porque cada uno de ustedes ha experimentado el amor de Dios, que lo vio y se conmovió profundamente, como aquel Padre misericordioso cuando el hijo volvía a la casa”, exclamó.El pastor arquidiocesano animó a quienes recibieron el orden episcopal a “entregarse poniendo el propio cuerpo en el pastoreo en medio de la ciudad. Así como el Señor en cada Eucaristía se parte y reparte, nos invita también a nosotros a partirnos y repartirnos con Él y ser parte de ese milagro multiplicador que quiere llegar y tocar todos los rincones de la ciudad con un poco de ternura y compasión”.Les pidió también que el báculo “sea el apoyo y sostén para los caídos que encuentren en el camino; que el anillo sea signo de la alianza con la Iglesia, un signo que nos haga sentir familia, hermanos, hijos de un mismo Padre que nos ama entrañablemente”, y que la mitra, “que nos da un poco de vergüenza usar, sea justamente signo de no sentirnos dignos de llevar títulos o cargos, porque el mayor poder es el servicio; y que cada día al colocarse el pectoral en el pecho, recuerden a los crucificados de hoy y la entrega de Cristo por amor a todos”.Finalmente, García Cuerva agradeció a los ordenados “por su sí y sumarse a esta desafiante misión que Dios nos encomienda de pastorear a nuestro pueblo; gracias por su cariño, por su buen humor, por su entrega generosa”.
