Claudio Maciel, el cantor que preserva el gusto por el buen chamamé
xClaudio Ramón Maciel tiene 48 años, es cantor y guitarrista y vive en el 17 de Agosto. Nació en el barrio porteño de Parque Patricios, mientras sus progenitores se radicaron en la ciudad de Buenos Aires. Su padre, Ramón Saturnino Maciel, era cocinero y trabajaba en el edificio Cóndor. Su madre, Ester Saravia, era ama de casa y después del fallecimiento de su esposo se dedicó a la peluquería junto a sus otras dos hijas. Ya en los primeros años de su infancia se radicó en las localidades correntinas de Felipe Yofre y Manuel Mantilla.Actualmente, es requerido por varios conjuntos dentro del género musical. Su camino y enseñanzas le permitieron obtener un mayor conocimiento sobre la voz. Su conducta prevalece dentro de cada actuación artística.Sus iniciosLa música empezó como un juego cuando tomaba una guitarra de juguete y simulaba acompañar a su tío materno Alfredo Saravia quien ejecuta el acordeón.Posteriormente, al observar esta conducta, su padre Ramón le regaló una guitarra estilo romántica y le enseñó sus primeras notas. En ese tiempo comenzaba a recitar poesía en diversos actos escolares y participaba acompañando de su instrumento. Cuando cursaba quinto grado se paraba detrás de un piano antiguo, mientras su profesor de música Cachito Ojeda ejecutaba la Marcha de San Lorenzo y este simulaba el sonido del redoblante golpeando la tapa del piano. Como le tomó gusto el acompañamiento, lo sacaba de las clases para que estuviera con él mientras tocaba el piano con otros cursos.Cuando tenía 10 años, fue invitado a cantar con su hermana Lorena en las fiestas patronales de Mantilla. En ese momento, interpretó dos canciones Solo rumores y Si te alejas, lloraré. Durante ese período adquirió mayor aprendizaje con la guitarra. Recuerda a un vendedor ambulante que le mostró algunas notas.”Siempre digo yaconsejo a losmúsicos: si tienen la posibilidad de hacer chamamé, quelo hagan con su impronta y nolo desfiguren”CLAUDIO MACIELCANTOR Y GUITARRISTALuego, otro pasaje de su niñez. Su madre era dueña de un restaurante y en el salón siempre se juntaba el personal ferroviario para almorzar o comer. Como siempre estaba a la vista una guitarra, surgía de vez en cuando un cantante, mientras Claudio observaba el posicionamiento de los dedos en la guitarra.Más adelante, los caminos de la música lo trasladaron a la cumbia junto a sus primos Daniel y Jorge Saravia, hasta que un día una persona les dijo que serían invitados a las fiestas patronales de Mantilla, hecho del que no tomaron real dimensión.Durante ese trayecto, en una de esas salidas, le preguntaron su nombre y él contestó sonriendo pidiendo que le digan Brian. Actualmente muchos lo conocemos así en la intimidad.Más tarde, llegó el día que debían actuar y recibieron el cálido aplauso del público. Un tiempo más adelante, sus primos se desarrollaron profesionalmente con la agrupación Los Mantis, interpretando cumbia y chamamé. Los caminos de DiosEn 1990, Maciel viajó a la ciudad de Corrientes y se radicó definitivamente. En cada oportunidad que tenía se escapaba al pueblo de su infancia. En la capital se relacionó con Jorge Zabala, que tenía un órgano Yamaha y armaron juntos el grupo Centella interpretando cumbia. En ese tiempo andaban por el circuito bandas como Malakita y el cantante Yiyo, entre otros. Tiempo después Claudio se alejó de la música profesional.En 1991 comenzó a asistir a la Iglesia Adventista, e ingresó a un cuarteto vocal llamado Emanuel donde tuvo la particularidad de ejercer primeramente como segundo tenor y, posteriormente, como primer tenor. El primer tenor sería la nota más aguda. Durante este período adquirió mayor conocimiento de la música gracias a profesores que le aconsejaron. De esa manera, con el cuarteto vocal surgieron distintas giras en varias provincias del país interpretando música sacra.Este ciclo duró dos años. Después se incorporó como primer tenor a un coro de 40 personas dirigido por la profesora de Música Jaqueline Carpiu. Allí la docente armó un octeto vocal al que lo invitó a participar.Con el octeto Maciel estuvo mucho tiempo por distintos lugares. La mayoría de los integrantes eran estudiantes del interior que al terminar sus carreras volvían a su ciudad natal, por lo que se hacía difícil mantenerlo estable.xEl retorno al chamaméDurante su actividad como tenor no le quitó la memoria la pasión por el chamamé. Con el transcurso de los años tuvo varios paréntesis. La primera vez que entró a un estudio de grabación fue con Sergio Segovia donde colaboró en tres discos y acompañó solo en guitarra.Un día, Claudio Maciel caminaba por la vereda de la hamburguesería Kimba. Allí observó que varios músicos se juntaban a guitarrear y cantar algunas canciones con un repertorio del dúo Cáceres-Almeida que le llamó la atención. Con el paso de los días se fue acercando y en una oportunidad, mientras el acordeonista Orlando Ríos estaba en ese lugar Claudio pidió prestada una guitarra, y que gustó la forma de acompañar en el tiempo correcto.Más tarde, recibió la invitación del cantor Juan Cabrera para cantar algunas canciones, lo que derivó en salidas y actuaciones junto a Carlos Marzoratti y el recitador Ciprián Hernández en la Fiesta Nacional del Chamamé en 2016. Con esta agrupación lograron grabar un trabajo discográfico. Durante una charla con Orlando Ríos y Melena Zacarías, lo invitaron al patio 8 de noviembre, que cada año Moncho García realizaba una reunión y participaban varios músicos. Entre ellos estaban Jorge Balmaceda, Roberto Rivero y el acordeonista Tito Valenzuela, pero faltaba una primera voz. Rivero conoció de vista a Claudio Maciel y lo invitó a cantar unos temas. El resultado fue positivo ya que el público se puso de pie para aplaudirlos porque les gustó como sonaba el dúo vocal.Luego el bandoneonista Balmaceda, se comunicó vía celular y le comentó que le faltaba una primera voz y lo busca a él. Era para la Fundación Cocomarola, ensayaban los lunes, miércoles y miércoles. Maciel aceptó y Bruno Mendoza que era el director elaboró un pedido para el cantante Leo Zarur que necesitaba un traslado a otro coro por mejor comodidad y agregar así a Maciel para integrar dicho elenco. Los caminos en el chamamé se abrieron como un abanico. Bruno Mendoza lo contactó junto a Roberto Rivero para que los acompañe en el programa de televisión Siempre con lo nuestro. Tras llegar a un acuerdo más tarde fue invitado a participar en su disco titulado Lapacho solo en guitarra. En ese tiempo comenzó a trabajar de manera simultánea con Jorge Balmaceda y Bruno Mendoza. Conviviendo con ambos conjuntos por diferentes escenarios del país.En 2019, Balmaceda lo contactó para que pueda cumplir unos compromisos artísticos para el conjunto de Coquimarola. Ya que le comentó que se encontraba mal de salud el cantor de Los Santos Rodríguez. Tras fallecer Rodríguez, Coquimarola lo llamó y le pidió para participar en la Fiesta Nacional del Chamamé. Tras la actuación en dicha fiesta quedó estable en el conjunto musical. En el marco de esos años Claudio Maciel pulió su forma de cantar, manteniendo una conducta irreprochable en sus actuaciones. A esto hay que agregar que participó en los últimos discos publicados por Bruno Mendoza titulado Esencia, con Jorge Balmaceda con el rótulo Mi legado musical y hace unos meses vio la luz Muchachita sos mi sueño, de Coquimarola.Alfredo Almeida fue una figura histórica para el chamamé. Para muchos era una persona inalcanzable en aquellos tiempos cuando se grababan los discos. Gracias a Ciprián Hernández, Maciel pudo contactarlo, allí en la intimidad de su hogar interpretó algunas canciones, mientras la salud de Almeida se complicó, pero en esas charlas Maciel descubrió que estar al lado de esa leyenda era revivir los tiempos de su niñez.El cariño que se tenían entre ambos fue tan importante que antes de partir, Alfredo Almeida le regaló su guitarra. Este sabía la responsabilidad que llevaba entre sus manos y le prometió que dicho instrumento lo iba a acompañar en cada presentación.Ha tenido la fortuna de componer algunas obras. Por ejemplo, con letras del poeta y recitador Ciprián Hernández le dedicó a su esposa, Lorena Da Silva, títulos como Enamorado por siempre y Amor de vida.Claudio Maciel es uno de los cantores distintos que tiene nuestra música regional. Obtuvo con el paso de los años un conocimiento importante a nivel vocal y constantemente está abierto a brindar una mano a quien lo necesita. Nunca le pidió a los músicos chamameceros participación en un escenario artístico. Es respetuoso de sus actos y brinda la palabra justa cuando se la piden. En sus redes sociales realiza actos de docencia con videos en formato casero, invita a colegas como Verónica Noguera y Rocío Ayelé y tiene como resultado una buena aceptación por parte del público.Sobre la actualidad del chamamé nos dice: “Hoy veo mucho chamamé con pop y con violín. Hay pocos que hacen realmente chamamé. Siempre digo y aconsejo a los músicos que empiezan, para la generación que viene: si tienen la oportunidad de hacerlo, que lo hagan con su impronta y no lo desfiguren. Por ejemplo, el conjunto Sánchez Carles con los Hermanos Vásquez tomaron Aquella ausencia y le pusieron cositas suyas. No hace falta tomar otros géneros o mezclarlos para hacerlo comercial.Que los chicos sean respetuosos, que no solo observen la música, sino la personalidad, el respeto y el manejo de los artistas, cómo se comportan y cómo hablan con la gente. Que mantengan una misma línea”, finalizó.
