jueves, 23 de abril de 2026
Provinciales

Cambios sociales: la juventud irrumpe en el centro de la escena

Editar epigrafeEditar embed Varias veces hemos señalado en esta columna que el siglo pasado alumbró una gran cantidad de cambios sociales, transformadores y acelerados, que implicaron la emergencia de nuevas formas de habitar los territorios, con la imposición, a veces gradual y en otras brutales, de inéditas reglas y normas de convivencia. Entre esos cambios, hemos también descrito en algunas oportunidades que, hasta la finalización de los conflictos mundiales, la juventud era una franja etaria que no se consideraba relevante en los análisis desde la teoría social. Hasta el final de la II Guerra Mundial, el paso por la edad juvenil era muy breve para la vida de una persona común. Hasta los grandes avances médicos que trajeron el descubrimiento de los antibióticos, por ejemplo, la esperanza de vida promedio no superaba los 45 años aproximadamente, y en los lugares más atrasados, incluso mucho menos. Los grandes conflictos bélicos como las guerras y contiendas civiles –como la Revolución rusa– se llevaron la vida de millones de jóvenes en los campos de batalla y matanzas de civiles. La cuestión de la lenta masificación de los estudios universitarios, que, en principio, solo estaban reservados a las elites, hacían que el ingreso al mundo del trabajo sea a edades muy tempranas. En una época que afortunadamente ya regía la prohibición del trabajo de los niños y niñas, por el que hubo enormes luchas durante el siglo XIX. Por lo que en general, el paso era de ser niño a ser adulto, era sin escala intermedia. Por ello, desde 1945, en la posguerra, se produjo una invención del adolescente, como consecuencia de que, en los 50, la prosperidad económica de un mundo en recuperación, sobre todo en Occidente –en plena Guerra Fría– generó un mercado exclusivo de consumo para jóvenes como la música (rock and roll, pop), la ropa y accesorios, y el cine como la industria cultural más influyente en la subjetividad de los sujetos que dejaban la niñez. Algunos íconos como el joven James Dean con su protagónico en Rebelde sin causa, personificaron cierta angustia existencial de no encajar en un mundo regido aún por las normas de los padres que les condujeron a la hecatombe.« — Para ver la nota completa, ingrese a la url de la nota — »

Dejar un comentario